viernes, 1 de julio de 2011

Quiero un helado, no quiero un trabajo.




No sabemos qué es la felicidad. Es un concepto que va cambiando con el paso del tiempo. Se transforma dependiendo de nuestra vida y se convierte en sueños hechos realidad o en cosas tan sencillas como saborear un helado de avellana y nata.
Cuando somos pequeños, la felicidad es que tu madre te deje comprarte una bolsa llena de gominolas o que te deje jugar con tus amigos una hora más antes de irte a cenar.
Probablemente te sentías el niño más infeliz del mundo cuando no te compraban el juguete más vendido de todos los tiempos y llorabas como un descosido porque para tí era lo más importante.
Cuando creces y ves a un niño llorando porque su madre no le compra gominolas, sonríes. Y piensas que ya quisieras para tí, tener ese concepto de felicidad que tienen los niños.
¿Os imaginais que con todas las preocupaciones del paro, de llegar a fin de mes con un sueldo bajo, de independizarte, casarte, tener hijos, criarlos...lo único que nos hiciera felices fuese comprarnos un helado, quedarnos un rato más jugando o ver la tele antes de irnos a cama? ¿Os imaginais que esas fuesen nuestras únicas preocupaciones?
La verdad, sería estupendo. Yo quiero volver a la felicidad de mi infancia y poder decir "quiero un helado" y no tener que pedir siempre "quiero un trabajo".

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